Emily Brontë – La campanilla

La campanilla azul es la flor más dulce
que agita en el aire del verano:
sus flores tienen el poder más poderoso
para calmar el cuidado de mi espíritu.

Hay un hechizo en el brezo púrpura
Demasiado salvaje, tristemente querido;
La violeta tiene un aliento fragante,
pero la fragancia no alegrará,

Los árboles están desnudos, el sol está frío,
y rara vez, rara vez se ve;
Los cielos han perdido su zona de oro,
y la tierra su túnica verde.

Y el hielo sobre la corriente deslumbrante
ha proyectado su sombra sombría;
Y las colinas y valles distantes parecen
en niebla congelada dispuesta.

La campanilla azul no puede encantarme ahora,
la salud ha perdido su floración;
Las violetas en la cañada de abajo,
no producen perfume dulce.

Pero, aunque lloro la dulce Bluebell,
es mejor que esté lejos;
Sé lo rápido que se hincharían mis lágrimas
Para verlo sonreír hoy.

Para, oh! Cuando los rayos del sol caen
fríos Adopta ese cielo lúgubre,
Y dora tu pared húmeda y oscura
Con brillo transitorio;

¿Cómo lloro, cómo arboleo
para el tiempo de las flores por venir,
y alejarme de ese brillo que se desvanece,
para llorar los campos de la casa!

Sábado – Alfonsina Storni

Levanté temprano y anduve descalza
Por los corredores; bajé a los jardines
Y besé las plantas;
Absorbí los vahos limpios de la tierra,
Tirada en la grama;
Me bañé en la fuente que verdes achiras
Circundan. Más tarde, mojados de agua,
Peiné mis cabellos. Perfumé las manos
Con zumo oloroso de diamelas. Garzas
Quisquillosas, finas,
De mi falda hurtaron doradas migajas.
Luego puse traje de clarín más leve
Que la misma gasa.
De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo
Mi sillón de paja.
Fijos en la verja mis ojos quedaron,
Fijos en la verja.
El reloj me dijo: diez de la mañana.
Adentro, un sonido de loza y cristales:
Comedor en sombra; manos que aprestaban
Manteles.
Afuera sol como no he visto
Sobre el mármol blanco de la escalinata.
Fijos en la verja siguieron mis ojos
Fijos. Te esperaba.

¿Soy yo quien anda…? – Juan Ramón Jiménez

¿Soy yo quien anda, esta noche,
por mi cuarto, o el mendigo
que rondaba mi jardín,
al caer la tarde...?

Miro
en torno y hallo que todo
es lo mismo y no es lo mismo…
¿La ventana estaba abierta?
¿Y no me había dormido?
¿El jardín no estaba verde
de luna...?… El cielo era limpio
y azul… y hay nubes y viento
y el jardín está sombrío…

Creo que mi barba era
negra... Yo estaba vestido
de gris… Y mi barba es blanca
y estoy enlutado… ¿Es mío
este andar? ¿Tiene esta voz,
que ahora suena en mí, los ritmos
de la voz que yo tenía?
¿Soy yo, o soy el mendigo
que rondaba mi jardín,
al caer la tarde...?

Miro
en torno… Hay nubes y viento…
El jardín está sombrío…
… Y voy y vengo… ¿Es que yo
no me había ya dormido?
Mi barba está blanca… Y todo
es lo mismo y no es lo mismo…

Agranda la puerta, padre – Miguel de Unamuno

Agranda la puerta, padre,
porque no puedo pasar;
la hiciste para los niños,
yo he crecido a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad;
vuélveme a la edad bendita
en que vivir es soñar.
Gracias, padre, que ya siento
que se va mi pubertad;
vuelvo a los días rosados
en que era hijo no más.
Hijo de mis hijos ahora
y sin masculinidad
siento nacer en mi seno
maternal virginidad.

Te amo… ¿Por qué me odias?… – Rosalía de Castro

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Te amo… ¿Por qué me odias?
-Te odio… ¿Por qué me amas?
Secreto es éste el más triste
y misterioso del alma.
Mas ello es verdad… ¡Verdad
dura y atormentadora!
-Me odias porque te amo;
te amo porque me odias.