Bosque del pino – Gabriela Mistral

 Ahora entremos el bosque.
Los árboles pasarán por su cara,
y les pararé y ofreceré,
pero no pueden doblarse abajo.
Los relojes de la noche sobre sus criaturas,
a excepción de los árboles del pino que nunca cambian:
los viejos resortes heridos que sueltan
bendijeron la goma, tardes eternas.
Si podrían, los árboles le levantarían
y le llevarían del valle al valle,
y usted pasaría del brazo al brazo,